Talleres – situaciones paternalistas en la educación popular.

Autonomía y educación popular.


El paternalismo antagoniza con la educación popular, que solo admite formas autogestivas o en su defecto tendencias hacia la autogestón. Esto no significa que se postule una disolución de roles o la igualdad absoluta y abstracta imposible de ver en las prácticas.

Este es el informe -un borrador- de un pensar colectivo en el marco de problematizar los residuos sustancialistas del pensar cotidiano en las acciones de los movimientos sociales. Son los ensayos de pensamientos colectivos del taller “Autonomía y educación popular”.

En nuestra problematización, damos por supuesto que en nuestros movimientos la mirada es dinámica y estudiamos procesos que a la vez habitamos: la ausencia de este punto de vista cuando la hay, debe ser problematizada también. Creemos que resulta imposible por un simple golpe de mano, deshacernos de miradas adialécticas o estáticas; y en ese proceso cuestionamos y nos cuestionamos.

Problematizar el paternalismo es hablar del poder; el paternalismo habita el polo dominante de una relación de poder. Así, Gobierno – Pueblo, Patrón/a  – Obrera/o, Señor – Siervo/a, Padre – Hijo, Burocracia – Oposición, Referente – Base,  pueden ser pares en donde el elemento paternalista se siente cómodo; pero más allá de señalarlo lo importante de incluir esta serie es señalar que lo paternalista es en relación. Por tanto, no cabe conceptualizar lo paternalista de manera sustancialista. Hay prácticas paternalistas, efectos del paternalismo, hay actitudes paternalistas. Necesitamos una mirada dinámica y no cosificada porque se trata de agentes en procesos y situaciones. No hay personas que “son” paternalistas.

Un gobierno puede tener prácticas paternalistas con su pueblo y ser al mismo tiempo sumiso con los organismos financieros o las megacorporaciones extractivistas (lo vimos con los gobiernos kirchneristas en la última década). Un profesor puede ser paternalista con  sus estudiantes  y seguidista con su dirección.

En cambio –ver también más adelante- el paternalista sustancializa y descalifica a sus inferiores. Generaliza en términos idealistas. (Utilizar los términos “lis pibis”, “les pibxs”, “lxs chicxs”, en un bachillerato popular de jóvenes y adultos infantiliza el proceso de formación). En la actitud paternalista no se trata con adultos, personas jóvenes treintaañeras o de más de cuarenta años aunque la realidad lo señale. Se trata con “lis pibis” que nunca pueden, y así necesitan del padre formador (o de su variante de género que ocupe ese rol). “Profe, tengo cincuenta años y dos hijas… no soy les pibis” dijo una estudiante alguna vez en un aula. “Lis pibis no tienen acceso a videos” se señaló en una reunión alguna vez pero al hablar el tutor con el tutoreado, este estaba viendo una película en su teléfono celular. El paternalista sabe que el educando no puede. La dinámica paternalista siempre apunta a menos, y raras veces relaja su comando.

Exagerando la tesis podría decirse que para el paternalismo todos los temas son complejos, todos los contenidos son excesivos, todas las propuestas son excesivas. Se trata de dar lo menos pero alcanzable. La realidad presenta matices pero la tendencia es a la economía y la autoprecarización del proceso.

Desde el paternalismo no se delegan decisiones ni se recaba opinones; las encuestas cuando las hay suelen ser para confirmar. A la vez, el paternalismo no puede estar ligado a lo constituyente, a lo emancipativo aunque se propagandice como tal. Cuando en un colectivo alguien ejerce una crítica la ejerce desde el lugar emancipativo; el paternalismo detectará el elemento disolvente y reencausará o anulará la crítica. No admite disidencia. El paternalismo es el agente liberador, por tanto sabe y no consulta; al paternalismo le horroriza el vacío.  

El paternalismo no es específico del poder instituido (por ejemplo la dirección burocrática de un espacio) pero aporta a la consolidación y concentración de poder. El paternalismo tiene su polo opuesto en el desposeído o víctima de las circunstancias, y por eso lo cuida. Nomina y califica de manera negativa. “Pobrecitxs, no pueden..”.

Pero los procesos reales son diferentes: nadie se emancipa desde el lugar de víctima, el paternalismo nunca es emancipador. Solo puede generar un cambio de lazo. Las consecuencias en el pueblo cuando “ocurrió” la caida del kirchnerismo ante la derecha rancia es un buen ejemplo cercano de orfandad. Los gobiernos populistas en América son un buen modelo histórico cercano, donde partidos y alianzas del progresismo populista torcieron el brazo libertario a diversos movimientos autogestivos que vieron su gérmen alrededor de los años 2000. Pero -siempre hay un pero- una emancipación genuina no necesita tutelas patriarcales.

El (supuesto) saber juega un rol fuerte en las instancias donde el paternalismo domina. Se postula dogmáticamente cierto saber, que autoriza a paternar.

Ej.: tal proceso para quienes están en el rol dirigente no avanza, las personas en situación no responden a lo que ellxs saben que deberían hacer. El resultado: el grupo paternal toma las riendas, asume conducción, define y tracciona. Dirige. Sabe dónde se debe ir, sabe cómo, sabe de lo afín y de lo conflictivo. Sabe quién construye y quien obstruye. Sabe quién pone palos en la rueda. Es mesianismo en escena. En instancias complejas puede devenir en terror, en instancias cotidianas su violencia puede ser sutil. Quien interfiere puede ser desplazado, corregido, anulado, reencausado.

En nuestra próxima reunión revisaremos las prácticas constituyentes y los efectos de los choques de miradas. Sabemos muy bien que en la diferencia de paradigmas la crítica de las propias intervenciones hace a la efectividad de los planteos. Sabemos de los peligros de las voces en el vacío, del decir marginal o de las voces sin mella.